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Hola una vez mas como estan todos, bien? que bueno aqui les dejo una nueva entrada de la enciclopedia, ademas de una historia que espero les encante con la tematica de la nueva entrada de la enciclopedia :D (Por cierto lamento no publicar ayer pero me sentia algo mal y estaba un poco enferma pero espero que esta historia lo compense)
La Spooky Island y el Evento de Cambio de Cuerpos Masivo
Spooky Island (conocida como Horripilandia en Latinoamérica y La Flipante Isla de los Monstruos Spectra tío en España) es un parque temático ubicado en una isla tropical. Diseñado para ofrecer experiencias de terror y diversión a sus visitantes, su verdadero propósito oculto era mucho más siniestro. En el corazón de la isla se encontraba un artefacto místico llamado Daemon Ritus , capaz de extraer las almas humanas y permitir la posesión de cuerpos vacíos por entidades demoníacas.
El Daemon Ritus y el Fenómeno del Protoplasma
Extracción del Alma (Protoplasma)
- Cuando el Daemon Ritus es activado, las almas de las personas son extraídas de sus cuerpos en forma de protoplasma , una sustancia fantasmal de color verdoso que representa la esencia de cada individuo.
- Este protoplasma flota sin rumbo una vez separado del cuerpo, volviéndose completamente vulnerable.
- Scrappy-Doo (desfrazado como Emile Mondavarious) y los demonios aliados lo recolectaban en un caldero especial lleno de un líquido que mantenía atrapadas a las almas.
Transferencia y Posesión de Cuerpos
- Un protoplasma no necesariamente regresa a su cuerpo original, permitiendo que ocurra un intercambio caótico de cuerpos si no es dirigido correctamente.
- Si un protoplasma queda libre, puede ser forzado a entrar en un cuerpo diferente o incluso encerrado en frascos de vidrio , evitando su movimiento, su regreso al cuerpo original o su intento de tomar un nuevo cuerpo.
- Este mecanismo fue utilizado por los demonios para poseer cuerpos humanos vacíos y moverse libremente por el mundo , ya que eran vulnerables a la luz del sol y usaban los cuerpos humanos poseídos para evitar ser desintegrados por este.
El Caos del Evento de Cambio de Cuerpos
- El plan de Scrappy-Doo consistía en extraer las almas de los visitantes de Spooky Island para que los demonios pudieran habitar sus cuerpos, protegerse del sol y establecer su dominio con la intención de crear una sociedad "perfecta" según su propia visión.
- Sin embargo, después de que Misterio a la Orden lo detuviera y liberara las almas contenidas en el caldero con agua de Daemon Ritus, el proceso de liberación desató un caos total .
- Almas sin control flotaban por la isla, mientras que personas malintencionadas aprovecharon la oportunidad para robar cuerpos y capturar a los verdaderos dueños en frascos de vidrio , dejándolos atrapados sin posibilidad de moverse o regresar a sus cuerpos.
- Muchas personas despertaron en cuerpos ajenos, sin saber cómo recuperar los suyos, mientras otras quedaron perdidas en el limbo del protoplasma o encerradas por aquellos que querían apoderarse de una nueva identidad.
Impacto y consecuencias
- Spooky Island se convirtió en el epicentro de uno de los eventos de cambio de cuerpos más grandes de la historia (provocado) , con identidades alteradas, almas perdidas y posesiones descontroladas.
- El caos demostró que el Daemon Ritus podía ser utilizado tanto como una herramienta de conquista como un catalizador de desorden absoluto , dependiendo de quién lo usara.
- Aunque Misterio a la Orden logró detener la amenaza principal, las secuelas del evento perduraron mucho tiempo , con muchas personas atrapadas en cuerpos que no les pertenecen o con su identidad completamente robada.
- El Daemon Ritus no se a vuelto a ver desde el incidente en la isla, nadie sabe que paso con el y por suerte se cree que nadie lo tiene en sus manos pues no a sido utilizado una vez mas para causar un evento similar
Tres chicos despertaron en la penumbra de una cámara subterránea en Spooky Island, sintiéndose mareados y desorientados. Durante días, sus cuerpos habían sido ocupados por aquellas horribles criaturas que ahora yacían como polvo esparcidas por el suelo. Sin embargo, aunque se habían librado de los monstruos, un problema mayor surgía ante ellos: ya no estaban en sus propios cuerpos.
Los tres amigos, de 16 años, eran adolescentes precoces, siempre bromeando y obsesionados con las chicas. Su conversación diaria giraba en torno a fiestas, cuerpos atractivos y experiencias que anhelaban vivir.
Los tres chicos flotaban en el aire como una masa de protoplasma sin forma, confundidos y aterrados al principio. No tenían cuerpos, solo eran una especie de niebla etérea que parpadeaba con un tenue resplandor verdoso. Podían verse entre ellos como siluetas fantasmales, pero solo eran rostros, sin manos, sin nada tangible.
—¡¿Qué carajos nos pasó?! —exclamó uno de ellos, su voz resonando sin boca ni cuerdas vocales.
—¡Nos sacaron de nuestros cuerpos! ¡Nos volvimos… fantasmas o algo así! —respondió otro, girando en el aire, tratando de encontrar algo a lo que aferrarse.
—¡Mierda, esto es como una película de terror! —el tercero trató de moverse, pero solo flotaba sin rumbo—. ¡No puedo sentir nada!
El pánico inicial pronto se disipó cuando notaron que, a pesar de la situación, podían comunicarse y moverse con relativa libertad. Pronto, su curiosidad adolescente se impuso a su miedo. Empezaron a explorar su entorno desde su nueva forma, flotando por el parque, viendo a otras almas como ellos y a cuerpos vacíos siendo ocupados por almas que flotaban por ahi.
—Oigan… si nuestras almas fueron sacadas y estamos aqui, ¿dónde están nuestros cuerpos? —preguntó uno, mirando a su alrededor.
—Deben andar por ahí, ¿no? —respondió otro—. Si encontramos los nuestros cuerpos, seguro podemos volver a ellos.
Moviéndose entre la multitud caótica del parque, los chicos intentaron encontrar sus antiguos cuerpos, pero no tardaron en notar que ya no estaban donde habian estado por ultima vez antes de que fueran robados por los demonios. La confusión reinaba entre los visitantes; muchos aún no se daban cuenta de que no estaban en su cuerpo original, mientras otros entraban en crisis por la situación.
Después de un rato de buscar sin éxito, una idea les cruzó la mente casi al mismo tiempo.
—Esperen… si estos monstruos pudieron sacarnos de nuestros cuerpos y meterse en ellos, ¿por qué tendríamos que volver justo a los nuestros? —uno de los chicos flotó pensativo, o lo más parecido a pensar que podía hacer en su forma fantasmal.
—Exacto. ¿Qué pasa si encontramos… algo mejor? —otro chico dejó escapar una risa pícara, o al menos la sensación de una risa.
Los tres se miraron, o al menos lo intentaron, y por un momento todo estuvo en silencio. Entonces, casi al unísono, llegaron a la misma conclusión: esta era la oportunidad de sus vidas.
—¡Podemos ser quienes queramos! —exclamó uno.
—¡Podemos tener cualquier cuerpo! —agregó otro, con una emoción infantil y desbordante.
—¡Chicas lindas! —remató el tercero, incapaz de contener su entusiasmo.
La adrenalina fantasmal los invadió. Su búsqueda cambió de rumbo. Ya no querían simplemente recuperar sus cuerpos originales; ahora tenían una misión mucho más ambiciosa. Encontrar los cuerpos perfectos para vivir la mejor vida posible… y claro, asegurarse de que fueran cuerpos de chicas que cumplieran con sus expectativas juveniles y hormonales.
—¡Vamos a buscar! —gritó uno de ellos, lanzándose hacia la zona del parque donde más turistas se aglomeraban.
—¡Sí, pero hay que elegir bien! No cualquier cuerpo, solo lo mejor de lo mejor —dijo otro, flotando con energía renovada.
Y así, con su usual torpeza y su eterna obsesión por las chicas, los tres amigos iniciaron su nueva caza, ahora no de sus cuerpos originales, sino de los cuerpos que siempre habían soñado tener.
Los tres chicos vagaron durante algunos minutos por las instalaciones de Spooky Island, flotando en su forma de protoplasma.
Mientras exploraban, notaron que habia muchos cuerpos vacíos dispersos por la isla. Algunos muchos de los visitantes aún no habían recuperado sus cuerpos, lo que dejaba sus cuerpos a merced de cualquiera que deseara ocuparlos. Los chicos se acercaron a algunos de estos cuerpos, observándolos con curiosidad. Sin embargo, rápidamente descartaron a la mayoría. "Este tipo está todo flaco", dijo uno con desdén. "¡Y este otro parece es un viejo!", se quejó otro. Buscaban algo más específico, algo que despertara sus impulsos adolescentes.
Sin un plan concreto pero con mucha emoción, decidieron continuar su búsqueda. Dejaron atrás los grandes salones donde estaban la mayoría de los cuerpos inconscientes y se adentraron en las zonas más abiertas de la isla, caminando –o mejor dicho, flotando– hacia las playas. Allí, esperaban encontrar mejores opciones. Después de todo, Spooky Island estaba repleta de turistas jóvenes y atractivos, y si tenían suerte, podrían encontrar los cuerpos perfectos para vivir la experiencia de sus vidas.
Mientras flotaban sobre la arena, viendo los cuerpos desperdigados por la zona, los chicos no podían contener su emoción. "¡Imagínate conseguir el cuerpo de una chica súper sexy!", exclamó uno de ellos, riendo. "Podríamos hacer lo que quisiéramos, sin que nadie nos descubriera", agregó otro con una sonrisa cómplice. La búsqueda había comenzado, y estaban decididos a encontrar los cuerpos ideales para su nueva vida.
Los tres chicos no tardaron mucho en encontrar lo que buscaban. Vagando por una zona remota de la isla, lejos del bullicio principal y de la confusión generalizada, se toparon con lo que parecía ser un golpe de suerte: tres cuerpos mujeres, abandonados en la arena, sin señales de sus dueñas originales buscándolos.
Estos cuerpos pertenecieron a un grupo de primas que habían ido juntas a Spooky Island con la intención de pasar un verano inolvidable. Desafortunadamente para ellas, quedaron atrapadas en el caos desatado por el Daemon Ritus y ahora sus cuerpos yacían ahí, intactos, pero sin alma. El trío de chicos flotaba en su forma espectral sobre ellas, observando cada detalle con ansias y emoción adolescente.
"!No mameees, míra estas mamasita! Están buenísimas", exclamó uno de ellos, sin poder contener su entusiasmo. Las tres chicas eran altas, delgadas y con una estética gótica que las hacía aún más atractivas a los ojos de los muchachos. Sus atuendos oscuros, las faldas de encaje, las medias de red y los chokers con detalles metálicos les daban un aire de misterio y seducción aunque tambien pesaron que era un poco ridiculo que 3 mujeres estuvieran vestidas asi en una playa paradisiaca pero bueno no se iban a quejar si sus rostros, pálidos y bellos, parecían sacados de una fantasía adolescente además de que esa estetica resaltaba mucho en eso cuerpo..
"Esto es un sueño hecho realidad", añadió otro, girando alrededor de los cuerpos con una mezcla de nerviosismo y emoción. "Siempre quise salir con una chica así, pero ser una… eso suena aún más divertido y excitante".
El tercero rió con perversion. "Bueno, solo hay tres cuerpos y somos tres… Así que lo justo sería que cada uno elija uno".
La discusión comenzó de inmediato. Cada uno de los chicos tenía preferencias diferentes y comenzaron a debatir cuál cuerpo le convenía más a cada quien. Uno quería la chica con el cabello corto y labios pintados de negro; otro, la de cabello largo y piernas largas con tatuajes intrigantes; y el tercero, la que llevaba corsé ajustado y botas de plataforma.
"¡No, no, no! ¡Tú siempre consigues lo mejor! Yo quiero la de cabello corto", reclamó uno de ellos.
"¿En serio? Tú ni siquiera sabes cómo caminar con tacones, mejor déjamela a mí", respondió otro con una sonrisa burlona.
El tercero suspiró y miró a los cuerpos con deseo. "Chicos, no peleemos. Hay que hacerlo bien. ¿Nos metemos al mismo tiempo y vemos qué pasa?".
La idea fue aceptada sin dudar. Ansiosos, los tres se posicionaron sobre los cuerpos elegidos y, sin más preámbulos, se dejaron caer dentro de ellos, listos para una nueva vida… o al menos para una experiencia muy diferente.
"Diego" había elegido el cuerpo de una chica impresionante. Su cabello hasta los hombros le daba un aire rebelde estaba bien cuidado pero el estilo era mas bien despeinado aunque le quedaba impresionante, pero lo que realmente lo convenció fue su altura y la increíble figura que tenía. Sus piernas largas y bien torneadas eran un sueño hecho realidad para él, y su rostro tenía un atractivo natural que lo hacía aún más perfecto. Sin saberlo, había escogido el cuerpo de Hanna.
Héctor, por su parte, se dejó llevar por la belleza delicada y bien cuidada de su elección. La chica que había escogido tenía una figura estilizada y unas piernas largas y esbeltas que le llamaron la atención de inmediato. Sin embargo, lo que realmente lo atrapó fue su rostro angelical y su cabello, que parecía haber sido tratado con el mayor esmero posible. Estaba claro que esta chica, Lana, se había preocupado mucho por su apariencia, y ahora él iba a disfrutar de ese esfuerzo.
Finalmente, Ramiro optó por el cuerpo más pequeño del grupo. No era tan alta como las otras, pero tenía una feminidad tan marcada que no pudo resistirse. Era preciosa en todos los sentidos, con rasgos suaves y un aire de dulzura que lo atrapó de inmediato. Había algo en su apariencia frágil y adorable que lo hacía sentir como si hubiera encontrado una joya única. Sin saberlo, había tomado el cuerpo de Alice.
El proceso fue extraño y embriagador. A medida que sus esencias se vertían en los cuerpos, estos comenzaron a reaccionar con espasmos y temblores, como si despertaran de un profundo letargo. Diego sintió un cosquilleo recorrer su nuevo y esbelto cuerpo mientras su piel suave y tersa le daba la bienvenida. Su cabello corto se sacudió levemente cuando finalmente pudo abrir los ojos y sentir cómo la gravedad afectaba su nueva silueta femenina. La sensación de sus largas piernas y la manera en que su falda rozaba su piel le arrancaron un estremecimiento de emoción.
Héctor, por su parte, se sintió envuelto en una calidez exquisita. A medida que su conciencia se asentaba en el cuerpo de Lana, notó lo ligero y elegante que era moverse en esa nueva forma. Sus dedos recorrieron su largo y sedoso cabello, maravillándose por la suavidad y el aroma encantador que desprendía. Cada respiración se sentía distinta, cada movimiento más delicado de lo que jamás había experimentado en su vida anterior. Al bajar la vista, su corazón latió con fuerza al notar la feminidad de sus hermosos pechos.
Ramiro fue el último en completar la transición, pero su experiencia fue la más impactante de todas. Al entrar en el pequeño y adorable cuerpo de Alice, sintió de inmediato lo diminuto y ágil que era. Su piel era suave como la porcelana, y cada gesto que realizaba con sus nuevas y delicadas manos le causaba una emoción indescriptible. Se llevó las manos a la cara, sintiendo la tersura de sus mejillas y la finura de sus facciones. Se puso de pie lentamente, tambaleándose un poco, pero riendo al sentir lo ligera que era su nueva forma.
De repente, un grito agudo resonó en la zona: fue Diego, o mejor dicho, la nueva Hanna. Su voz femenina sonó tan clara y melodiosa que no pudo evitar soltar una risa nerviosa. Luego, Héctor y Ramiro hicieron lo mismo, probando sus nuevas voces y sintiendo un placer extraño al escucharse con tonos suaves y femeninos.
—¡Esto es increíble! —exclamó Diego, levantando las manos y sintiendo lo elegante que era cada movimiento. —¡Dios, mira esto! —dijo Héctor, girando sobre sí mismo y observando cómo su cabello largo se movía con gracia. —¡Soy tan linda! —chilló Ramiro, sosteniendo su falda con ambas manos y dando pequeños brincos emocionados.
Los tres comenzaron a reír como niños con juguetes nuevos, explorando cada rincón de sus nuevos cuerpos. Tocaban sus rostros, estiraban y acariciaban sus piernas, giraban sobre sí mismos para ver cómo se movían sus prendas Tocaban sus senos y los masajeaban mientras algunas veces tocaban nerviosamente sus nuevos coñitos. Las sensaciones eran nuevas, extrañas, excitantes, lujuriosas y sobre todo, emocionantes.
Se miraron unos a otros con complicidad, sin poder creer la suerte que habían tenido. Ahora, con estos cuerpos, el mundo era suyo para explorarlo de una manera completamente diferente.
Los tres ex chicos pubertos, pervertidos y emocionados, comenzaron a explorar sus cuerpos juntos, comparándolos y discutiendo con entusiasmo quién había "adquirido" el mejor cuerpo. La euforia era palpable mientras se miraban de arriba abajo, evaluando sus nuevas formas con una mezcla de incredulidad y fascinación.
—¡Miren esto! —exclamó Diego, ahora en el cuerpo de Hanna, girando sobre sí mismo para observar cómo su falda se movía con gracia y cómo sus piernas largas y torneadas resaltaban a cada paso como sus senos envidiablemente grandes“rebotaban”.con cada movimiento y hacian que se excitara cuando con sus manos empezo a sujetarlos y sus pezones sensibles mandaron impulsos de placer
—¡No puede ser! —Héctor, en el cuerpo de Lana, tocó su propio rostro con deleite, sintiendo la suavidad de su piel y la perfecta simetría de sus rasgos—. Esto es como haber ganado la lotería. ¡Estoy buenísima!— pensaba mientras tocaba nerviosamente su nuevo sexo
Ramiro, ahora en el diminuto cuerpo de Alice, observaba a los otros dos con una sonrisa pícara antes de dar un pequeño salto y reír emocionado.
—¡Yo no me quedo atrás! ¡Soy adorable! —dijo mientras giraba, observando cómo su cabello perfectamente cuidado enmarcaba su carita angelical y su cuerpo extremadamente hermoso resaltaba por lo bien cuidado que estaba.
Diego se acercó a Héctor y comparó la longitud de sus piernas, murmurando con asombro.
—Tienes las piernas más largas, pero creo que mi cuerpo tiene mejor forma —comentó, girando para observar su propio trasero.
—Pero mira mi cabello, está perfectamente cuidado —presumió Héctor, pasándose los dedos por la larga melena de Lana.
—Sí, pero yo tengo la carita más linda sin mencionar el cuerpo mas sexy —se jactó Ramiro, sacando el labio inferior en un puchero coquetón.
Entre risas y gestos exagerados, los tres siguieron explorando sus cuerpos, tocando sus propias pieles suaves y admirando la ropa que realzaba sus nuevas figuras. Se movían con torpeza, aún adaptándose a las proporciones y sensaciones desconocidas, pero eso solo hacía que el momento fuera aún más emocionante.
—Esto es increíble —dijo Diego, colocando las manos en sus caderas y observándose en un reflejo improvisado en el cristal de una ventana rota—. No pienso devolver este cuerpo nunca.
—¡Ni yo! —respondieron Héctor y Ramiro al unísono, chocando las manos con entusiasmo.
Los tres ex chicos intercambiaron miradas cómplices. No solo habían cambiado de cuerpos, sino que ahora tenían la oportunidad de vivir una nueva vida con apariencias que superaban sus más salvajes fantasías. La diversión apenas comenzaba.
Los tres chicos avanzaban con confianza por los senderos de Spooky Island, ahora en sus nuevas y llamativas formas femeninas. Cada uno de ellos caminaba con una seguridad recién adquirida, disfrutando la sensación de sus cuerpos mientras sus faldas ondeaban con la brisa tropical. A su alrededor, numerosos cuerpos vacíos yacían inertes, esperando ser reclamados, pero ellos ni siquiera les prestaban atención. En sus mentes solo había un pensamiento: disfrutar al máximo sus nuevo cuerpos.
—¿Han notado cómo todos nos miran? —dijo Diego, ahora en el cuerpo de Hanna, pasando las manos por su cabello y acomodándolo con un gesto coqueto.
—¡Obvio! Si nos vemos increíbles —respondió Héctor, quien ahora habitaba el esbelto cuerpo de Lana. Dio una vuelta sobre sí mismo, disfrutando la ligereza y gracia con la que se movía.
—Me siento tan pequeña, pero me encanta —añadió Ramiro, quien ahora controlaba el diminuto y adorable cuerpo de Alice. Miró sus manos delicadas y sonrió con orgullo.
Continuaron caminando, presumiendo su nueva feminidad con cada paso. Sus caderas se mecían con naturalidad, sin que tuvieran que esforzarse en hacerlo, y sus expresiones reflejaban la diversión y perversion que sentían. A medida que se acercaban al hotel de la isla, sus emociones crecían; la posibilidad de una vida llena de nuevas experiencias los entusiasmaba más de lo que podían expresar.
Al llegar al vestíbulo, encontraron el lugar prácticamente desierto. Solo algunos visitantes, que aún intentaban comprender el caos que el Daemon Ritus había causado, deambulaban sin rumbo fijo almas sin cuerpo aun buscaban sus cuerpos o talves algun otro para poseer. Sin embargo, los tres ignoraron todo y se dirigieron directamente al mostrador de recepción, donde revisaron entre sus pertenencias y encontraron una llave de habitación en el bolso que una de ellas llevaba.
—¿Supongo que es nuestra? —preguntó Diego, sosteniendo la llave con una sonrisa.
—Solo hay una forma de averiguarlo —dijo Héctor con una sonrisa maliciosa, y los tres se dirigieron hacia el elevador con la emoción de quien está a punto de descubrir un nuevo mundo.
Cuando los tres chicos entraron a la habitación de sus nuevos cuerpos, se encontraron con una escena que los dejó boquiabiertos. El lugar era un verdadero paraíso para cualquier amante de la estética gótica y del anime. Varias maletas grandes estaban esparcidas por el cuarto, algunas ya abiertas, revelando montones de ropa oscura y sexy, encajes, corsets, medias de red, faldas cortas y botas de plataforma. Había una organización caótica pero encantadora, con prendas colgando de las sillas y accesorios dispersos por la cama y el tocador.
Pero lo que más llamó su atención fueron las otras maletas, llenas de cosplays de personajes de anime. Había trajes elaborados de waifus e incluso versiones provocativas de heroínas de series populares que no eran de anime. La emoción en sus rostros era evidente mientras exploraban su tesoro recién descubierto.
Diego, quien ahora ocupaba el cuerpo de Hanna, tomó un conjunto negro y lo sostuvió frente a su nuevo cuerpo con una sonrisa maliciosa. —Esto es demasiado bueno para ser verdad dijo mientras rapidamente se desnudaba para probarselo.
Héctor, ahora en el cuerpo de Lana, ya estaba rebuscando entre las prendas, sacando un vestido de cuero ajustado con mas accesorios, al parecer pertenecian a un conjunto de cosplay de 2b, incluso traia una peluca y todo. —¡Miren esto! Vaya suerte que tuvimos, estas chicas realmente sabían lo que hacían dijo mientras se ajustaba la peluca y con la otra mano desnudaba su cuerpo nuevo.
Ramiro, en el cuerpo de Alice, también estaba maravillado. Encontró un conjunto de colegiala con falda corta y no pudo evitar soltar una risa pícara mientras se miraba en el espejo. —Definitivamente soy la más tierna del grupo. Pero, chicos, esto es increíble. Podemos probarlo todo.
Sin pensarlo dos veces, comenzaron a probarse distintas prendas, divirtiéndose como si estuvieran en una sesión de transformación de videojuego. Se turnaban frente al espejo, posaban y admiraban sus nuevas figuras. Diego giraba con su falda corta, disfrutando la ligereza del tejido y cómo se sentía contra su piel. Héctor no dejaba de tocar su largo cabello y posar con el vestido ajustado, sintiéndose una diosa de la moda alternativa. Ramiro, por su parte, se maravillaba con lo pequeño y adorable que era su nuevo cuerpo, jugando con los accesorios y probando diferentes combinaciones.
En medio de la emoción, comenzaron a debatir quién había conseguido el mejor cuerpo. Se inspeccionaban mutuamente, admirando las curvas, la altura, la piel tersa y los rostros angelicales que ahora poseían. Las risas y los comentarios entusiastas llenaban la habitación.
—Creo que yo gané, miren estas piernas, son perfectas —dijo Diego, posando de manera exagerada. —Pero mi cabello es una obra maestra, miren lo largo y brillante que es —respondía Héctor, haciéndolo ondear con las manos. —Por favor, ustedes son demasiado obvios, yo tengo el mejor rostro, la ternura es lo que gana —sentenció Ramiro con una mueca victoriosa.
El debate siguió entre risas y juegos, mientras los tres disfrutaban su nueva apariencia y planeaban todo lo que harían con sus espectaculares cuerpos. Ahora que tenían una nueva identidad, La Spooky Island les pertenecía y no solo la spooky island si no el resto del mundo caeria a sus pies.
Los protoplasmas de las verdaderas Hanna, Lana y Alice flotaban juntas por la isla, cada vez más desesperadas. La situación era crítica. La mayoría de los cuerpos vacíos ya habían sido reclamados y los pocos que quedaban no eran opciones deseables para ellas. Se encontraban en un dilema angustiante: la isla, que en otro momento estaba repleta de visitantes, ahora lucía desierta, como si el caos del intercambio masivo hubiera dejado únicamente rastros de lo que alguna vez fue un paraíso turístico.
Hanna observó a su alrededor con creciente preocupación. Solo quedaban cuerpos que nadie había querido: algunos eran personas de edad avanzada, otros de complexión poco agraciada gordos o demaciado feos y una gran mayoría eran hombres mas de los que ellas querian, quedaban muy pocos cuerpos de mujery la mayoria eran "las sobras" ninguno como sus hermosos cuerpos. Lana y Alice compartían su angustia. No querían terminar en cuerpos que no les pertenecían, pero cada minuto que pasaban sin un recipiente físico las opciones se agotaban. Necesitaban tomar una decisión, y rápido.
—No puede ser —murmuró Lana con desánimo—. ¡No hay nada! No podemos seguir así.
—No hay opción —susurró Alice, sintiendo la desesperanza apoderarse de ella—. Tenemos que tomar lo que encontremos.
Finalmente, después de una última búsqueda en los rincones más apartados de la isla, se encontraron con una cruel ironía del destino. Frente a ellas, en una zona apartada en un cuarto recondito, yacían tres cuerpos aún sin reclamar, alineados en el suelo del salon como si el universo les estuviera haciendo una broma cruel. Los cuerpos de Héctor, Diego y Ramiro, tres chicos adolescentes que, sin que ellas lo supieran, ahora disfrutaban de sus cuerpos originales.
El silencio entre las tres fue absoluto. Se miraron con tristeza, sin querer aceptar lo que estaba frente a ellas. Pero no había otra opción. La isla estaba casi vacía y la realidad era brutal: si querían seguir existiendo en el mundo físico, tendrían que tomar esos cuerpos, por más que detestaran la idea. El destino, en su más retorcida forma, les había jugado una mala pasada.
Sin embargo una cruel broma del destino les esperaba, sin saberlo, habían terminado eligiendo los cuerpos de los mismos chicos que se habían apropiado de los suyos. Hanna terminó en el cuerpo de Diego, Lana en el de Héctor y Alice en el de Ramiro.
Hanna sintió de inmediato la diferencia cuando su esencia fue absorbida por el cuerpo de Diego. Pasó de ser una chica alta, estilizada y con un rostro hermoso a un chico flacucho y desgarbado. La sensación de sus extremidades huesudas y débiles la hizo estremecerse. Intentó abrir los ojos y al hacerlo, la visión borrosa la desconcertó por completo. Tardó unos segundos en darse cuenta de que ahora necesitaba lentes para ver bien. Al tocar su rostro, sintió la grasa en su piel y los horribles granos que cubrían su barbilla y su frente. Luego pasó la mano por su cabello y casi gritó de horror al notar lo grasoso y descuidado que estaba, con un hedor que la hizo fruncir el ceño. Sus ropas eran holgadas y descuidadas, y el aroma a sudor mezclado con algo aún más desagradable la hizo temer lo que se encontraría si se miraba en un espejo.
Lana no tuvo mejor suerte. Su nuevo cuerpo, el de Héctor, era una pesadilla en sí mismo. Pasó de ser una mujer de figura elegante y rostro angelical a un hombre gordo, calvo y de nariz enorme. Lo primero que sintió fue el peso de su nuevo cuerpo. Su vientre sobresalía bajo su camiseta, y cada movimiento que hacía se sentía torpe y pesado. Al levantar la mano para tocarse la cabeza, sintió el cuero cabelludo desnudo y soltó un quejido de desesperación. Pero lo peor llegó cuando notó el hedor que emanaba de su cuerpo: un tufo a queso rancio y cheetos, como si jamás en su vida se hubiera bañado correctamente. Se miró las manos y vio los restos de grasa en sus dedos, como si acabara de comer con las manos sucias. Su estómago gruñó, y en lugar de sentir hambre, sintió asco. Todo en ese cuerpo le resultaba repulsivo.
Por último, Alice, que en su vida anterior había sido una chica pequeña y adorable, quedó atrapada en el gigantesco y voluminoso cuerpo de Ramiro. De inmediato sintió la diferencia en el tamaño de sus extremidades. Sus brazos eran gruesos y pesados, sus piernas enormes y torpes, y su piel tenía una textura áspera que la hacía sentir extraña en su propia carne. Miró hacia abajo y se dio cuenta de que su barriga sobresalía de manera alarmante, y al moverse sintió cómo todo su cuerpo temblaba con cada paso. Lo peor fue cuando notó la sensación de su rostro: una piel grasa y sudorosa, acompañada por una barba descuidada que apenas comenzaba a crecer. Su altura también era desorientadora. Era increíblemente alto, mucho más de lo que jamás había sido, pero en lugar de sentirse poderosa, se sintió incómoda, como si su propio peso la aplastara.
Cuando las tres terminaron de adaptarse a sus nuevos cuerpos, una sensación aún más desagradable las invadió: las hormonas masculinas. Sus nuevos cuerpos estaban completamente descontrolados, sus mentes invadidas por impulsos que jamás habían sentido. De inmediato, sintieron una incomodidad que no podían describir con palabras. Se miraron unas a otras, reconociéndose en esos rostros desagradables y extraños, y en ese momento entendieron que habían caído en una broma cruel del destino. No solo habían perdido sus hermosos cuerpos, sino que ahora estaban atrapadas en los cuerpos de tres adolescentes pervertidos, cuyos pensamientos e instintos estaban completamente descontrolados.
Hanna, ahora Diego, se abrazó los brazos sintiendo un escalofrío de asco recorrer su espalda. Lana, ahora Héctor, trató de respirar hondo, pero el simple hecho de inhalar el olor de su propio cuerpo la hizo casi vomitar. Alice, ahora Ramiro, miró sus enormes manos con una mezcla de tristeza y rabia, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza dentro de ese pecho ajeno y desagradable.
Las tres supieron en ese momento que su pesadilla apenas comenzaba.
Despues de 1 o 2 dias, empezaron a llegar helicopteros y barcos de rescate para sacar a los que no se habian podido ir de la isla aun, iban de a poco sacando gente mientras el escandalo crecia, Misterio a la orden estaba en su mejor momento y eran aclamados en todo el mundo, pero nadie pensaba en los que se quedaron en la isla mucho menos en aquellos que salieron de la isla con una nueva vida robada.
Diego, ahora en el cuerpo de Hanna, no tardó en darse cuenta del poder que tenía su nueva apariencia. Su figura esbelta, sus largas piernas y su estilo le otorgaban una atención que jamás había experimentado en su antigua vida. Al caminar por la isla, notó las miradas de admiración de las personas que ya habian recuperado sus cuerpos, algo que le resultó novedoso y emocionante. En poco tiempo, comenzó a jugar con esta atención, aprendiendo a aprovechar su nueva imagen para obtener todo lo que quería.
Con el tiempo, su actitud se volvió más presuntuosa. Se divertía al compararse con los otros dos chicos, quienes también estaban disfrutando de sus nuevos cuerpos, pero Diego siempre penso que el suyo era el más impactante a sus ojos. Decidido a sacar el mayor provecho de su situación, empezó a incursionar en el mundo de la moda alternativa. Con el acceso a las maletas llenas de ropa gótica y cosplays, comenzó a armar conjuntos llamativos y a posar frente a los espejos, disfrutando de cada guiño y movimiento coqueto que podía hacer con su nueva apariencia.
Fue entonces cuando decidió llevar su nueva identidad a otro nivel. Aprovechando las redes sociales y el impacto visual de su apariencia, adoptó el nombre artístico de "Hanna_owo" y comenzó a publicar fotos y videos, capturando la atención de miles de seguidores que caían rendidos ante su belleza. Su popularidad creció rápidamente, y con ello, también sus oportunidades. Le ofrecieron colaboraciones con marcas de ropa alternativa, sesiones de fotos y hasta invitaciones a eventos exclusivos por no mencionar cientos de ofrecimientos para que vendiera su cuerpo y permitiera a algun afortunado “cojersela” ofrecimiento que siempre rechazaba.
Lo que comenzó como una simple broma entre amigos se convirtió en una carrera inesperada. Diego, ahora completamente asumido como Hanna, disfrutaba cada momento de su nueva vida, rodeado de lujos y atenciones que en su existencia anterior jamás habría imaginado. A pesar de que en el fondo sabía que todo era producto del caos del Daemon Ritus, no le preocupaba en lo más mínimo. Para él, esta nueva vida era infinitamente mejor que la que dejó atrás, y no tenía intención alguna de mirar hacia atrás.
Desde el momento en que Héctor abrió los ojos en su nuevo cuerpo, supo que su vida había cambiado para siempre. La sensación de ligereza, la suavidad de su piel y la perfección de su reflejo en cada espejo que encontraba lo embriagaban de una emoción indescriptible. Antes, había sido un chico común, con un físico poco impresionante y sin demasiada atención de los demás. Pero ahora, como Lana, tenía un cuerpo esbelto, curvas llamativas y un rostro digno de una modelo de revista. Era un cambio tan drástico que, al principio, le costó asimilarlo por completo. Sin embargo, no tardó en aceptar su nueva realidad y comenzar a disfrutar cada aspecto de su nueva apariencia.
A diferencia de Hanna, que simplemente se deleitaba en presumir su cuerpo en persona, Héctor decidió llevar su nuevo físico al mundo digital. Sabía que las redes sociales estaban llenas de personas que adoraban a las chicas hermosas, y él tenía ahora un cuerpo que fácilmente podía atraer la mirada de miles. Fue entonces cuando nació su alter ego en línea: "Lana_rain". Con este nombre, comenzó a publicar fotos suyas en diferentes poses, probando distintos atuendos y descubriendo qué estilos le favorecían más. Al principio, todo fue una diversión inocente, un juego de autoexploración donde simplemente disfrutaba la atención y los halagos que recibía.
Pero la afición pronto se convirtió en algo más serio. Descubrió que el cosplay era una forma perfecta de destacar su nueva figura y, además, conectar con una comunidad que admiraba la belleza y la creatividad. Compró varios atuendos llamativos: trajes de colegiala, vestidos inspirados en personajes de anime y ropa con encajes oscuros que resaltaban aún más su aura misteriosa y atractiva. La primera vez que se vio en el espejo con un disfraz completo, maquillado y con una peluca estilizada, se sintió verdaderamente alguien nuevo. "Lana_rain" no era solo un nombre en internet, era una identidad propia, una versión de sí mismo que jamás había imaginado ser.
Las sesiones de fotos se volvieron más elaboradas con el tiempo. Al principio, tomaba imágenes en su habitación con la luz natural de la ventana, pero luego invirtió en luces, fondos temáticos y hasta una cámara de mejor calidad. Cada sesión era un espectáculo privado donde experimentaba diferentes expresiones, posturas y gestos para verse lo más atractiva posible. Aprendió a manejar la mirada seductora, el ángulo perfecto para realzar sus curvas y la mejor manera de jugar con la ropa para insinuar sin mostrar demasiado.
No tardó en notar que sus fotos comenzaban a ganar popularidad. Primero, fueron unos cuantos likes y comentarios de extraños admirando su belleza. Luego, su cuenta empezó a crecer a un ritmo sorprendente, atrayendo seguidores de todas partes. Algunas personas comenzaron a hacerle peticiones de cosplays específicos, y Héctor vio en ello una oportunidad de negocio. Siendo alguien que jamás había tenido una fuente de ingresos propia, la idea de ganar dinero simplemente vistiendo atuendos llamativos y posando para la cámara le parecía demasiado buena para dejarla pasar.
Así que decidió profesionalizarse aún más. Creó una lista de deseos con los trajes más pedidos, invirtió en maquillaje de alta calidad y perfeccionó su técnica para que cada fotografía pareciera sacada de una revista. Sus seguidores aumentaban a diario, y la atención que recibía era abrumadora. En cada publicación, los comentarios estaban llenos de elogios y mensajes de admiración. Algunos incluso le ofrecían dinero solo por la oportunidad de hablar con él, algo que jamás habría imaginado en su vida anterior.
Poco a poco, Héctor fue dejando atrás su antiguo yo. Ya no pensaba en su vida anterior como un adolescente común y corriente, sino como una figura pública, una influencer de la belleza y el cosplay. Había abrazado completamente su nueva existencia como "Lana_rain" y disfrutaba cada momento de ello. Ahora, la única pregunta que quedaba en su mente era: ¿hasta dónde podía llegar con este nuevo cuerpo y esta nueva identidad? La emoción de descubrirlo lo mantenía en un estado de euforia constante, listo para seguir explotando al máximo todo lo que su nueva forma le ofrecía.
Ramiro, en su nuevo cuerpo de Alice, había encontrado un equilibrio entre la estética gótica y la esencia vibrante de una cosplayer. A diferencia de sus amigos, quienes disfrutaban mostrando sus nuevas apariencias al mundo, él prefirió adoptar un enfoque más personal y reservado.
Desde el primer momento en que abrió los ojos en su nueva forma, sintió una mezcla de incredulidad y emoción. Mirándose en el espejo, observó su figura menuda, sus facciones finas y su piel impecable. Su cabello oscuro caía en una cascada perfectamente desordenada sobre sus hombros, enmarcando un rostro que antes solo podría haber imaginado en sus sueños más salvajes. Acarició sus mejillas con las yemas de los dedos, maravillado por la suavidad de su piel. Cada rasgo de su nueva apariencia le parecía un regalo inesperado, una suerte que pocos podrían comprender.
Con el tiempo, su fascinación por su cuerpo no hizo más que crecer. En la intimidad de su habitación, pasaba horas explorando diferentes atuendos, mezclando lo gótico con lo extravagante, probándose vestidos oscuros con encajes delicados, botas altas y accesorios llamativos. Aunque el mundo no lo veía, él sabía lo bien que se veía, y eso era suficiente para hacerlo sonreír con satisfacción.
Mientras sus amigos se deleitaban en la atención que recibían en línea y en persona, Ramiro encontraba placer en su propio reflejo, en la sensación de la tela sobre su nueva piel, en la manera en que la luz resaltaba sus delicadas facciones. En secreto, se decía a sí mismo que había sido el más afortunado de todos. No necesitaba compartir su belleza con los demás para saber que era real, para sentir que su transformación había sido un verdadero milagro.
A veces, mientras se observaba en el espejo con una ligera sonrisa, pensaba en la ironía de todo. En su vida anterior jamás se habría imaginado disfrutando tanto de algo así. Ahora, en su nuevo cuerpo, había encontrado una felicidad que nunca creyó posible. No necesitaba validación externa, ni seguidores, ni miradas ajenas. Lo único que importaba era la satisfacción de saber que, contra todo pronóstico, la suerte le había sonreído.
Hanna, Lana y Alice se escondian aun en la isla, muchos ya habian sido evacuados pero ellas preferian esconderse a permitir que alguien las viera con esas apariencias, no podian ni nunca podrian superar la perdida de sus cuerpos y mucho menos ahora ser lo que eran
Habían pasado de ser tres chicas hermosas y populares a tres chicos completamente distintos a lo que estaban acostumbradas. Aun recordaban el despertar en sus nuevos cuerpos, la sensaciónes inmediatas y devastadoras. La delicadeza de su piel, la suavidad de su cabello y la armonía de sus rasgos habían desaparecido, reemplazados por piel áspera, rostros poco agraciados y cuerpos que no se sentían suyos.
Hanna, ahora atrapada en el cuerpo de Diego, todos los dias desde que tenian esos cuerpos se miraba al espejo y sentia un escalofrío. Su reflejo le devolvía la imagen de un chico flacucho, de baja estatura, con lentes gruesos y un cabello largo pero descuidado. Su rostro, antes una obra de arte perfectamente maquillada y adornada, ahora lucía opaco, con una nariz desproporcionada y una expresión torpe. Intentó sonreír, pero lo único que logró fue ver un reflejo patético de lo que alguna vez fue.
Lana, quien habia terminado en el cuerpo de Héctor, sentia náuseas al percibir su propio olor. La fragancia de sus perfumes caros y productos de belleza se había desvanecido, sustituida por un persistente aroma a frituras y sudor no importaba que hiciera o cuantas vecers con asco bañara ese cuerpo. Al mirarse en el espejo, su calvicie le pareció una broma cruel del destino. La nariz grande y prominente, el rostro redondo y la piel grasosa la hacían sentir como si hubiese sido condenada a una existencia miserable. Apretó los dientes, intentando aceptar la realidad, pero cada segundo en ese cuerpo era una tortura.
Alice, en el cuerpo de Ramiro, sintió el peso de su nueva forma al intentar ponerse de pie. Era un hombre enorme, con una barriga prominente y una piel morena que contrastaba con su apariencia anterior. Cada movimiento le costaba más de lo que esperaba. Su voz, grave y áspera, le sonó irreconocible, y el solo hecho de levantar las manos y verlas gruesas y poco elegantes le arrancó una sensación de derrota. Todo lo que la hacía especial se había esfumado en un solo instante.
Pero lo peor vino cuando algunas personas que aun seguian en la isla con ellas los miraban. Hanna, quien antes recibía miradas de admiración y coqueteos por donde pasaba, ahora era prácticamente invisible. Los chicos que antes la admiraban ahora ni siquiera la reconocían. Su confianza se desmoronaba con cada paso, con cada mirada burlona y con cada mirada de desdén. La seguridad con la que caminaba antes, con la certeza de que su belleza le abría puertas, se había convertido en una carga insoportable.
Lana, quien había sido la reina de su círculo social, sintió el cruel cambio de actitud de todos a su alrededor.Todos parecian mirarla con desprecio o con burla, llamándola "un tipo asqueroso" sin saber que su antiguo cuerpo era hermoso pero eso era el pasado, ahora alguien mas lo usaba y era su nuevo dueño el que ahora desfilaba con orgullo por el mundo con el. Cada risa a su costa era una puñalada a su autoestima. Se cubría la calva con una gorra, trataba de esconder su cuerpo bajo ropa holgada, pero nada podía borrar la sensación de haber caído en lo más bajo.
Alice, antes la más delicada y femenina del grupo, se encontró en la peor situación. Su tamaño descomunal y su aspecto intimidante hacían que la gente lo evitara. Ya no podía usar la ropa que amaba ni moverse con la gracia que la caracterizaba. Su timidez, que antes era vista como un rasgo tierno y atractivo, ahora solo la hacía parecer un tipo torpe y extraño. La sensación de pérdida era insoportable.
Los tres intentaron encontrar alguna forma de adaptarse, pero la verdad era que no había escapatoria. Todo lo que habían sido, lo que habían amado y lo que los hacía sentir especiales, se había desvanecido. Ahora, atrapados en cuerpos que no querían, comprendieron la cruel realidad: ya no eran hermosas, ya no eran admiradas, y lo peor de todo, ya no eran ellas mismas.
Algunas semanas despues, el rescate termino, cientos de personas fueron evacuadas de la isla y la zona fue acordonada, el sitio quedo abandonado y cientos de personas vivian sus vidas normales, algunos en sus cuerpos originales y algunos otros con nuevas vidas
Sentadas en la mesa de un café con estética gótica, Diego, Héctor y Ramiro disfrutaban de una tarde perfecta. Sus nuevos cuerpos, envueltos en vestidos oscuros con encajes y medias de red, llamaban la atención de todos los que pasaban. Las miradas de admiración, las sonrisas furtivas y los murmullos apenas audibles de los curiosos solo alimentaban su orgullo. Ya no eran los adolescentes pervertidos y torpes que una vez fueron. Ahora eran tres chicas hermosas, con una elegancia que jamás imaginaron tener.
Diego, ahora Hanna, jugueteaba con su taza de café, observando su reflejo en el vidrio del local. No podía dejar de sonreír al ver su piel hermosa y su cabello negro cayendo en cascada por sus hombros. Sus ojos, resaltados por el maquillaje oscuro, le daban un aire misterioso que le fascinaba. "¿Te das cuenta de lo increíble que es esto?" dijo, acomodándose su blusa ajustada con un gesto coqueto. "Antes éramos unos tipos del montón y ahora somos lo mejor que pudo pasarnos."Héctor, ahora Lana, rió suavemente, cruzando las piernas con gracia. "Totalmente. No extraño nada de mi antiguo cuerpo. Esto es mil veces mejor en todos los sentidos. Me siento perfecta, me veo perfecta… y me encanta que todos nos miren con admiración." Sus manos, delicadas y finas, tomaron la taza de café y bebieron con elegancia. "Jamás pensé que podría ser tan feliz."
Ramiro, ahora Alice, asintió con una sonrisa radiante. "Y pensar que antes éramos solo unos chicos sin gracia. No nos miraban dos veces. Ahora, en cambio, es imposible pasar desapercibidas." Movió su cabello con un gesto juguetón, disfrutando de la textura suave y sedosa. "Me siento como si siempre hubiera debido ser así. Como si este fuera mi verdadero destino."
En ese momento, la conversación dio un giro inesperado. Mientras hablaban sobre lo bien que se sentían en sus nuevos cuerpos, comenzaron a atar cabos sobre las vidas de las chicas y lo poco que habian podido averiguar sobre sus nuevos cuerpos y quienes solían ser. Tras investigar un poco en redes sociales, descubrieron algo sorprendente: Hanna, Lana y Alice eran primas. Las tres provenían de la misma familia y siempre habían estado muy unidas.
Hubo un momento de silencio mientras asimilaban la revelación. Luego, una carcajada general llenó el ambiente. "¡Esto es increíble!" exclamó Hanna, llevándose una mano a la frente. "Es como si el destino nos hubiera elegido para ser familia."
Lana negó con la cabeza, divertida. "Es una locura, pero tiene sentido. ¿Quién mejor que nosotras para ocupar estos cuerpos? Se siente… natural."
Alice suspiró con satisfacción, apoyando el mentón en una mano. "Es el mejor giro que pudo haber tenido nuestra historia. No solo somos bellas, populares y admiradas, sino que además estamos unidas de una forma que jamás imaginamos."
Las tres alzaron sus tazas, brindando por su nueva vida. En ese momento, no había nada que lamentar, nada que extrañar. Solo quedaba el presente, y el presente era perfecto.
Hanna, en su nuevo cuerpo de Diego, Lana en el de Héctor y Alice en el de Ramiro, se ocultaban del mundo, refugiándose en un rincón olvidado de la isla. Desde que habían quedado atrapadas en esos cuerpos masculinos, habían evitado en la medida de lo posible cualquier contacto con la sociedad. Se sentían incómodas, ajenas a sí mismas, sin saber exactamente cómo enfrentar su nueva realidad. El sonido del viento y el eco de la marea en la distancia eran sus únicos acompañantes.
Las tres compartían sus penurias, intentando encontrar consuelo la una en la otra. Hanna, que alguna vez había sido la más admirada, ahora se miraba las manos grandes y huesudas con una mueca de disgusto. "No puedo acostumbrarme... Todo se siente tosco, torpe. Antes solo necesitaba una sonrisa para que el mundo se abriera ante mí, ahora nadie me mira dos veces. Es horrible."
Lana suspiró pesadamente, abrazando sus rodillas. "Lo peor es la forma en que nos tratan. La gente no nos respeta, ni nos nota. Es como si hubiéramos dejado de existir. Pasamos de ser el centro de la atención a ser invisibles. Y este cuerpo..." Se estremeció al recordar su reflejo en un charco de agua. "Me veo horrible. Nunca creí que me vería así."
Alice, quien siempre había sido la más reservada de las tres, apretó los labios. "Y lo peor de todo... es que hay algo más. Algo que no quiero admitir. Pero... ¿ustedes también sienten...?" Dudó, incapaz de terminar la frase. Su corazón latía con fuerza al pensar en su antiguo cuerpo, en la forma en que se veía, en cómo la ropa le quedaba perfecta, en cómo la piel se sentía tersa y suave. Ahora, en su nueva piel gruesa y áspera, con un cuerpo que no sentía suyo, se sentía atrapada.
Hanna y Lana intercambiaron miradas incómodas. No necesitaban palabras para entenderse. Ambas habían sentido lo mismo, habían tenido pensamientos que no querían admitir. Recordaban sus viejos cuerpos con una mezcla de nostalgia y algo más... algo que les hacía sentirse aún más extrañas. Deseos que antes nunca habían considerado y que ahora emergían como impulsos ajenos.
El silencio se hizo pesado entre ellas. La vergüenza era palpable, pero ninguna se atrevía a profundizar más en el tema. Se limitaban a suspirar y a fingir que no existía esa nueva sombra que se cernía sobre ellas. La isla estaba casi desierta, y el mundo que alguna vez conocieron parecía haberse alejado demasiado. Solo les quedaba soportarse a sí mismas y aprender a vivir con aquellos pensamientos prohibidos que las atormentaban en la soledad de la noche.
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